Una vela de cera de soja bien cuidada arde de forma más limpia, huele mejor y dura bastante más. No hace falta ningún truco: bastan cuatro costumbres sencillas que marcan la diferencia desde el primer encendido.
1. El primer encendido es el más importante
La cera de soja tiene «memoria». Si la primera vez la apagas antes de tiempo, la vela recordará ese círculo pequeño y en los siguientes usos seguirá derritiéndose solo por el centro: se forma un túnel y la cera de los bordes se desperdicia.
Por eso, la primera vez déjala encendida hasta que toda la superficie se haya derretido de borde a borde. Según el tamaño del tarro, suele llevar entre dos y tres horas.
2. Recorta la mecha antes de cada uso
Antes de encenderla, recorta la mecha a unos 5 mm. Una mecha demasiado larga da una llama alta, hace humo y ennegrece el cristal. Sirven unas tijeras pequeñas o un cortamechas.
3. No la dejes encendida más de cuatro horas
Pasado ese tiempo la mecha se carboniza y la llama pierde estabilidad. Si quieres disfrutar del aroma toda la tarde, apágala, deja que la cera se enfríe y vuelve a encenderla más tarde.
4. Elige bien dónde ponerla
- Lejos de corrientes de aire, ventanas abiertas y ventiladores: la llama baila y la vela se consume de forma irregular.
- Sobre una superficie estable y que aguante el calor.
- Fuera del alcance de niños y mascotas, y nunca encendida sin nadie cerca.
Cómo apagarla y guardarla
Mejor con un apagavelas que soplando: así no salpica cera y evitas el humo. Cuando no la uses, guárdala tapada y lejos del sol para que conserve su aroma. Y cuando quede alrededor de un centímetro de cera en el fondo, es el momento de dejar de encenderla.
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